La pulpa de frutos secos o semillas resultante de elaborar leches vegetales puede aprovecharse para hacer galletas deshidratadas. Solamente hace falta añadir algún endulzante natural (como dátiles o uvas pasas trituradas, o un plátano maduro machacado) y algún ingrediente extra al gusto (frutas o bayas secas, cacao o canela, corteza rallada de cítricos…).

Al volver a casa después de las vacaciones, el huerto del balcón nos dio la bienvenida con tres preciosos tomates cherry cebra en su punto de maduración. Y, por si fuera poco tomate, esta semana hemos asistido a una cata de tomate ecológico en el centro Joaquín Roncal organizada por Suralia (espacio de comercio justo de la Federación Aragonesa de Solidaridad) y la cooperativa de agricultores Del campo a casa. Pudimos conocer y degustar variedades locales como el tomate rosa de Huesca, de colgar, cuadrado (con apariencia de un pimiento morrón), de Seròs, de Tres Cantos, verde, naranja (o de Villamayor) y de pezón. Además, los agricultores nos obsequiaron con algunos ejemplares para poder guardar semillas.

100 gramos pulpa de avellana (resultado de 1 litro de leche de avellana)
2 cucharadas sirope de dátil
1 cucharada bayas de goji
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Mezclar la pulpa de avellana, el sirope de dátil (u otro endulzante) y las bayas goji.
Coger una cucharada de masa y darle la forma deseada a mano o con un molde.
Deshidratar durante unas 8-10 horas, hasta que las galletas estén crujientes. Conservar en un recipiente hermético.