El trigo sarraceno o alforfón (Fagopyrum esculentum) es una planta anual herbácea de la familia de las Polygonaceas, originaria de Asia central. Se considera popularmente un cereal pero realmente no lo es ya que, aunque posee características similares, no pertenece a la familia de las gramíneas sino a las poligonáceas. Posee un alto contenido en proteínas (10-13 %) con gran disponibilidad de asimilación (70 %), es muy rico en el aminoácido lisina y en otros aminoácidos esenciales (arginina, metionina, treonina y valina), tiene vitaminas (B1, B2, B3, B6, E) y minerales (potasio, magnesio, calcio, fósforo, flúor, hierro), y carece de gluten.

Este pan me ha gustado mucho por su versatilidad para combinar bien con ingredientes tanto dulces como salados, y por su resistencia porque aguanta bastante tiempo “con lo que le echen encima” sin reblandecerse ni humedecerse. Además encontrarse un trocito de nuez o una uva pasa al morder le da cierto valor añadido.

200 gramos trigo sarraceno germinado
1/4 vaso agua
1 cucharada nueces picadas
1 cucharada uvas pasas de Corinto
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Batir el trigo sarraceno germinado con un poco de agua hasta que quede completamente triturado.
Añadir nueces picadas y uvas pasas, y mezclar para que se repartan bien por toda la masa.
Extender sobre una lámina o papel antiadherente con ayuda de una espátula, y delimitar las formas deseadas de los panes utilizando el canto de la espátula.
Deshidratar en un deshidratador eléctrico durante 8-10 horas, o al sol (cuyo tiempo depende de la temperatura y la humedad del ambiente).
Tras deshidratar, dejarlo sobre una rejilla 5 ó 10 minutos antes de guardarlo para que termine de evaporarse la humedad. Conservar dentro de un recipiente hermético.