Los nachos son un plato típico de México que consiste en finas y crujientes tortillas de maíz servidas con salsa. La historia cuenta que en la ciudad de Piedras Negras, Coahuila, llegaron varias esposas de militares estadounidenses a un pequeño restaurante después de que éste hubiera cerrado; entonces el mesero, Ignacio Anaya, les preparó ingeniosamente un platillo con lo poco que tenía disponible: tortillas y queso. El plato fue incrementando su fama y le acabaron poniendo el nombre de su inventor, Nacho.

Después de haber dejado de buscar mazorcas de maíz fresco por todo tipo de tiendas y mercados, y de darlo ya casi por imposible, ¡las encontré! Basta que no busques para que encuentres, suele pasar… En fin, el motivo de mi búsqueda era preparar unos auténticos nachos de maíz para tomar con guacamole. Y ya de paso, aprovechando los primeros tomates ecológicos de la temporada, hice también salsa de tomate batido con aceite de oliva (aunque puede sonar demasiado simple, es un manjar).

2 mazorcas de maíz fresco
4 cucharadas aceite de oliva virgen extra
1 pizca sal marina
guacamole
1 tomate
1 cucharada aceite de oliva virgen extra
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Desgranar las mazorcas, que se quedan en unos 250 gramos netos de maíz.
Batir todo el grano con 4 cucharadas de aceite de oliva y una pizca de sal.
Verter sobre una lámina antiadherente y secar en deshidratador (12 horas) o al sol hasta que estén crujientes. Como la masa queda muy líquida, esperar a que lleve 2 ó 3 horas deshidratando para marcar las formas de triángulo características.
Servir acompañado de guacamole y de tomate batido con un chorrito de aceite de oliva.
Si no se van a consumir todos los nachos, guardar en un recipiente hermético.