Aunque la apariencia despiste un poco por su extraña forma, ya que no tengo cuchara para hacer bolas de helado, queda muy buena consistencia de sorbete. Además es fácil de hacer y el sabor estupendo, 100% mango.

Este fin de semana ha sido bastante movidito. Por un lado, el sábado fuimos otra vez al mercado agroecológico de Zaragoza para hacer algunas comprillas (¡qué cerezas más deliciosas!) y para confirmar nuestra inscripción en las I Jornadas para el impulso de la Red de Semillas de Aragón que se celebraban esa misma tarde y al día siguiente. Después nos topamos con un puesto informativo de la campaña responsARBOLidad de una empresa agroforestal para plantar árboles con objeto de frenar el cambio climático, y que consiste en acoger un plantel de árbol o arbusto autóctono y cuidarlo hasta que crezca para poder plantarlo luego en el monte (también informaban sobre el método nendo dango de Fukuoka y regalaban bolas de arcilla con semillas para repoblar los bosques con criterio de biodiversidad). Por la tarde, las jornadas estuvieron muy interesantes: se habló de la recuperación de semillas antiguas autóctonas, participamos en un taller de extracción y conservación de semillas (donde aprendimos algunos truquillos), y nos expusieron cómo funciona el banco de germoplasma del CITA (Centro de Investigación Tecnológica Agroalimentaria de Aragón).

1 mango maduro
100 mililitros agua
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Pelar y deshuesar el mango. Trocearlo y guardarlo en un recipiente hermético dentro del congelador durante al menos 24 horas.
Poner el mango congelado y un poco de agua en el vaso de la batidora, y batir. Servir recién hecho.