Este postre es un clásico familiar; mi madre nos los preparaba a mi hermana y a mi cuando eramos pequeñas como una manera más amena para que comiéramos fruta (¡y funcionaba!). Resulta ideal para tomar cuando empieza a hacer calor. Las cantidades de los ingredientes son aproximadas, ya que dependen de las dimensiones del recipiente en el que se prepare.

9 naranjas de zumo
900 gramos fresas
1 cucharada sirope de agave (opcional)
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Pelar las naranjas, quitándoles bien toda la piel blanca interior, y cortarlas a lo ancho en rodajas de un centímetro de grosor aproximadamente. Retirar también las pepitas y la piel blanca que se encuentra en el centro de cada rodaja.
Quitar los rabos y las hojas de las fresas, lavarlas y cortarlas a lo ancho en láminas finas.
En una fuente redonda (la de la foto es de 30 centímetros de diámetro y de 4 centímetros de altura), cubrir el fondo con rodajas de naranja, y después colocar una capa de fresas sobre la de naranja.
Repetir la operación (capa de naranja, capa de fresa) hasta llenar la fuente (a mi me han salido 3 capas de naranja y fresa, es decir, 6 capas en total), y rociar con una cucharada de agave por encima al terminar.
Guardar en la nevera al menos un par de horas (mejor durante toda una noche) para que las frutas suelten bien el jugo. Servir frío.