Las semillas de sésamo o ajonjolí poseen una cantidad elevada de proteínas (además de ser ricas en metionina, un amioácido esencial) y de fibra (que regula la función intestinal), sus grasas son insaturadas (que, junto a su contenido en lecitina, contribuye a reducir los niveles de colesterol sanguíneo), incluye vitaminas de los grupos B y E, y tiene altos niveles de calcio (que interviene en la formación de huesos y dientes), hierro y zinc (que participa en el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas).

La leche de sésamo ha sido todo un grato descubrimiento para mi, ya que es muy fácil de preparar y su sabor es delicioso. También se puede usar para hacer batidos (como batido de sésamo y plátano o batido de cacao), ya que el resultado es buenísimo.

75 gramos semillas de sésamo (blanco o negro)
1 litro agua
4 dátiles (opcional)
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Poner a remojo las semillas de sésamo (yo empleé sésamo blanco) durante la noche. Después escurrirlas y aclararlas.
Batir con la batidora las semillas remojadas junto con el agua (cuanto más potente sea la batidora, mejor se aprovecharán las semillas). También se pueden añadir algunos dátiles o uvas pasas en el momento de batir para endulzar la leche.
Colar la leche con un colador de malla fina o de tela para separarla de la pulpa de las semillas trituradas. Retirar la pulpa (que se puede aprovechar para otras recetas; por ejemplo, para sustituir el tahini en el hummus de almendra o para hacer galletas de sésamo).
Conservar en la nevera.