Las semillas de lino o linaza son ricas en ácidos grasos poliinsaturados omega 3, omega 6 y omega 9; un 25-30 % se compone de fibra (de la que una tercera parte es soluble y el resto es insoluble); y contiene fitoquímicos (como los lignanos) con propiedades antioxidantes.

El pan de lino, fino y crujiente, fue el primer pan crudo que preparé. Al principio me pareció un poco fuerte de sabor, aunque si se le añaden otros ingredientes (tomate fresco, cebolla, especias…) gana mucho. Además, pueden usarse para cualquier cosa (tostadas, bocadillos, etc.), y si se conservan en un recipiente hermético duran varios meses. Para que quede esa textura crujiente hay que secarlo, lo cual se puede hacer exponiéndolo al sol directo o empleando un deshidratador eléctrico. Yo he empleado este aparato, aunque no es imprescindible porque antes de tenerlo hacía tanto panes como pizzas al sol (en verano, claro).

1 vaso semillas de lino
1/2 vaso agua
1 tomate (troceado)
1/4 cucharadita sal marina
1 cucharada albahaca (picada)
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Colocar en el vaso de la batidora todos los ingredientes, y batir hasta conseguir una masa uniforme.
Extender esta masa con una espátula sobre una supercifie antiadherente (como una lámina de silicona o un papel vegetal de cocina), formando una capa lo más fina posible, y marcar surcos con el canto de la espátula para hacer los panes del tamaño y la forma deseados (cuadrados, triángulos…).
Poner a secar al sol (el tiempo dependerá del calor y la temperatura que haga) o en un deshidratador durante unas 10-12 horas.
Tras deshidratar, dejarlo sobre una rejilla 5 ó 10 minutos antes de guardarlo para que termine de evaporarse la humedad. Conservar dentro de un recipiente hermético.